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  • Creencia #24 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina del Tiempo del Fin La tierra, como la conocemos, tiene un fin pues Dios quiere que la humanidad retorne a su estado original. Con este propósito nos ha revelado sus plan para ponerle fin al dolor y la tristeza en el Universo. En la actualidad investiga quiénes vivieron siendo cómplices de su plan, con la promesa que lo conocerán cara a cara, en un mundo sin dolor y siendo libres de crear y explorar eternamente. 24. CRISTO, SU MINISTERIO EN EL SANTUARIO CELESTIAL: HA LLEGADO LA HORA DEL SACRIFICIO DE LA TARDE. El sacerdote que oficia en el atrio del Templo de Jerusalén se halla listo para ofrecer un cordero como sacrificio. Cuando levanta el cuchillo para matar la víctima, la tierra se estremece. Aterrado, deja caer el cuchillo y el cordero escapa. Por sobre el fragor del terremoto se oye un ruido desgarrador, cuando una mano invisible rasga el velo del templo de arriba abajo. En el otro extremo de la ciudad, negras nubes envuelven una cruz. Cuando Jesús, el Cordero pascual de Dios, exclama: “¡Consumado es!”, muere por los pecados del mundo. El tipo se ha encontrado con el antitipo. Ha ocurrido el preciso acontecimiento al que señalaban los servicios del templo a lo largo de los siglos. El Salvador ha completado su sacrificio expiatorio, y por cuanto el símbolo se ha encontrado con la realidad, los ritos que anticipaban ese sacrificio han sido suplantados. Ésa es la razón del velo rasgado, el cuchillo caído y el cordero que se fuga. Sin embargo, la historia de la salvación abarca más que eso. Llega más allá de la cruz. La resurrección y ascensión de Jesús dirige nuestra atención hacia el Santuario celestial, en el cual Cristo ya no es el Cordero sino que ministra como sacerdote. Habiéndose ofrecido en sacrificio una vez y para siempre (Heb. 9:28), ahora pone los beneficios de este sacrificio expiatorio a disposición de todos. Hay un santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió y no el hombre. En él ministra Cristo en favor de nosotros, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz. Cristo llegó a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión. En 1844, al concluir el período profético de los 2.300 días, inició la segunda y última fase de su ministerio expiatorio. Esta obra es un juicio investigador, que forma parte de la eliminación definitiva del pecado, prefigurada por la purificación del antiguo santuario hebreo en el Día de la Expiación. En el servicio simbólico, el santuario se purificaba mediante la sangre de los sacrificios de animales, pero las cosas celestiales se purifican mediante el perfecto sacrificio de la sangre de Jesús. El juicio investigador revela a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos duermen en Cristo, siendo, por lo tanto, considerados dignos, en él, de participaren la primera resurrección. También toma de manifiesto quién, de entre los vivos, permanece en Cristo, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, estando, por lo tanto, en él, preparado para ser trasladado a su reino eterno. Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a los que creen en Jesús. Declara que los que permanecieron leales a Dios recibirán el reino. La conclusión de este ministerio de Cristo señalará el fin del tiempo de prueba otorgado a los seres humanos antes de su segunda venida. (Heb. 8:1-5; 4:14-16; 9:11-28; 10:19-22; 1:3; 2:16,17; Dan. 7:9-27; 8:13, 14; 9:24-27; Núm. 14:34; Eze. 4:6; Lev. 16; Apoc. 14:6, 7; 20:12; 14:12; 22:12) Previo Siguiente

  • Eventos | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este

    New Home Home About Us Directories Eventos Events Employment Resources Contact Us Search Results More Donate Events Made For You • Home • Church Municipalities • Pastors & Team • Beliefs • Departments • Ecclesiastical Organization • Resources • Newsletter • Archives Monday - Tuesday 08:00am - 12:00pm 01:00pm - 04:00pm Friday 08:00am - 01:00pm © 2024 Seventh-Day Adventist Eastern Puerto Rican Conference (787) 758-8282 Visit Us

  • Doctrina de la Salvación | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina de la Salvación Existe una guerra cósmica entre Dios y Satanás. El enemigo de Dios reclama el carácter arbitrario e injusto de Dios como base de su rebelión. Atacando al ser humano, como creación especial de Dios, lo indujo también a rebelarse. Dios decide demostrar su amor sacrificándose en su Hijo a morir por la humanidad con el deseo de que el ser humano decida aceptarle. 8. El Gran Conflicto 9. La Vida, Muerte y Resurrección de Cristo 10. La Experiencia de la Salvación 11. Creciendo en Cristo Previo Siguiente

  • Creencia #13 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina de la Iglesia La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad. 13. EL REMANENTE Y SU MISIÓN: EL GIGANTESCO DRAGÓN ROJO SE AGAZAPA, listo para saltar. Ya ha provocado la caída de un tercio de los ángeles del cielo (Apoc. 12:4, 7-9). Ahora, si puede lograr su propósito de devorar al niño que está por nacer, habrá ganado la guerra. La mujer que se halla delante de él está vestida del sol, tiene la luna bajo sus pies y lleva una corona de doce estrellas. El hijo varón que ella da a luz, está destinado a regir “con vara de hierro a todas las naciones”. El dragón lanza su ataque, pero sus esfuerzos por matar al niño son vanos. En cambio, “fue arrebatado para Dios y para su trono”. Enfurecido, el dragón torna su ira contra la madre, a la cual se le conceden milagrosamente alas, que le permiten huir a un lugar remoto especialmente preparado por Dios, quien la sustenta allí por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo, es decir, tres años y medio o 1.260 días proféticos (Apoc. 12:1-6,13,14). En la profecía bíblica, una mujer pura representa a la iglesia fiel de Dios. Una mujer representada como fornicaria o adúltera, representa al pueblo de Dios que ha apostatado (Eze. 16; Isa. 57:8; Jer. 31:4, 5; Ose. 1-3; Apoc. 17:1-5). El dragón, “la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás", esperaba la oportunidad de devorar al Niño varón, el Mesías largamente esperado, Jesucristo. Satanás, en su guerra contra Jesús, usó como su instrumento al Imperio Romano. Nada, ni siquiera la muerte en la cruz, pudo desviar a Jesús de su misión como Salvador de la humanidad. En la cruz, Cristo derrotó a Satanás. Refiriéndose a la crucifixión, Cristo dijo: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Juan 12:31). El Apocalipsis describe el himno de victoria que resuena en el cielo: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche... por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos” (Apoc. 12:10-12). La expulsión de Satanás del cielo restringió su actividad. Ya no podría el diablo acusar al pueblo de Dios ante los seres celestiales. Pero mientras que el cielo se goza, la tierra debe estar alerta: “¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Apoc. 12:12). Para desahogar su ira, Satanás comenzó a perseguir a la mujer —la iglesia— (Apoc. 12:13), la cual a pesar de su gran sufrimiento, de todos modos sobrevivió. Las zonas escasamente pobladas del mundo —“el desierto”— proveyeron refugio para los fieles de Dios durante los 1.260 días proféticos o años literales (Apoc. 12:14-16) Al fin de esta experiencia en el desierto, el pueblo de Dios emerge en respuesta a las señales del pronto retorno de Cristo. Juan identifica este grupo fiel como “el resto... los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apoc. 12:17). La iglesia universal está compuesta de todos los que creen verdaderamente en Cristo; pero en los últimos días, una época de apostasía generalizada, se llamó a un remanente para que guarde los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Este remanente anuncia la llegada de la hora del juicio, proclama la salvación por medio de Cristo y pregona la proximidad de su segunda venida. Esta proclamación está simbolizada por los tres ángeles de Apocalipsis 14; coincide con la hora del juicio en los cielos y, como resultado, se produce una obra de arrepentimiento y reforma en la Tierra. Se invita a todos los creyentes a participar personalmente en este testimonio mundial. (Apoc. 12:17; 14:6-12; 18:1-4; 2 Cor. 5:10; Jud. 3 ,1 4 ; 1 Ped. 1:16-19; 2 Ped. 3:10-14; Apoc. 21:1-14) Previo Siguiente

  • Pastores y Equipo | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Conoce a nuestro equipo Comprometidos con servir a la humanidad como su mayor servicio a Dios Filtrar por apellidos: A • B • C • D • E • F • G • H • I • J • K • L • M • N • O • P • Q • R • S • T • U • V • W • X • Y • Z Joel Almaguel Pastor Ordenado (939) 639-0884 Las Virtudes Bernardino Arocho Departamental • Pastor Ordenado 2003 (939) 630-5702 ó (787) 758-8282 [ x 231] Ministerios Juveniles Ernesto Carrillo Pastor Ordenado 2021 (787) 214-6944 Levittown Riverview Eliud Cruz Pastor Laíco (787) 532-7050 Ceiba Monte Brisas Wilfredo De Jesús Pastor Ordenado 2006 (787) 615-2843 Égida Inés M. Mendoza Daphne Domínguez Asociada Min. Juveniles (787 ) 758-8282 [ x 231] Club de Aventureros Club de Conquistadores Club de Guías Mayores Alejandro George Pastor Ordenado 2016 (787) 548-2720 Las Piedras Montones Tejas Carmen Guerra Auditora (787 ) 758-8282 [ x 238] Asociación Puertorriqueña del Este Carlos Manzanillo Pastor Ordenado 1998 (914) 208-3235 Caguas I La Esperanza Vista Hermosa Alex Martínez Pastor Ordenado 2005 (787) 647-5268 Ceiba Norte Juncos Pueblito del Río Eloy Matos Pastor Aspirante (787) 383-2380 Asistente del Pr. Luis Parra Juan Milián Pastor Ordenado 2004 (939) 639-0885 Director Academia Adventista de Maunabo Los Ríos Maunabo Miguel Monay Pastor Ordenado 2000 (787) 689-3951 Comerío Palomas Pueblo Nuevo Lidio Moreta Pastor Ordenado 1996 (787) 661-5538 Cataño Sierra Bayamón Sabana Seca Edgardo Ortiz Pastor Ordenado 1997 (787) 445-3318 ó (787) 758-8282 [ x 229] Secretaría Ministerial Vida Familiar Coordinador Evangelismo Arsenio Pérez Pastor Ordenado 2021 (939) 218-0450 Caguas II La Mesa San Antonio Jean Quiñones Pastor Asociado (787) 550-1389 Bayamón Santa Juanita Edgardo Rivas Pastor Ordenado (787) 462-0823 Carolina Valle Arriba Heights Villa Caronlina Rose Rivera Capellana Escolar (939) 389-6466 Capellana Academia Regional Adventista del Este Adonis Ruiz Pastor Ordenado 2021 (787) 342-0914 Fortuna Pitahaya Yuquiyú Luis Soto Pastor Aspirante (787) 375-1454 Naguabo, El Duque, Mariana, Río Blanco, Santiago & Lima Lorraine Vázquez Gerente de Radio Sol (787) 767-1005 Asociación Puertorriqueña del Este Hugo Alor Pastor Ordenado 2010 (787) 550-3762 Cuidad Universitaria La Gloria Trujillo Alto Julio Bolívar Pastor Ordenado (786) 873-1779 Humacao 1 Cataño Humacao Aguacate Cecilio Clayton Evangelista (787) 920-2828 Asociación Puertorriqueña del Este William Cruz Pastor Laíco (787) 388-9598 Asistente del Pr. Luis Soto Luis Delgado Pastor Ordenado 2012 (787) 315-0216 Parcelas Cintrón Égida Felix Ríos César García Pastor Ordenado 1993 (787) 504-4276 Humacao II Buena Vista Humacao Antón Ruiz Manolo Gómez Pastor Ordenado 1996 (787) 598-5841 Metrópolis Sabana Llana Saint Just Daniel Laine Pastor Ordenado (939) 253-5281 Caparra First English Roosevelt José Marrero Pastor Ordenado 1979 (787) 398-1523 Piña s Villas del Río Van Scoy Carlos Martínez Departamental, Pastor Ordenado 2016 (787) 354-3299 Ministerio de Salud y Temperancia Espinos San Lorenzo Raymond Medina Pastor Ordenado 2010 (787) 363-5409 Fajardo I Fajardo II Las Croabas El Paraíso Gloria Miranda Obrero Bíblico (787) 637-4446 San Lorenzo Gurabo Joshua Morales Capellán Escolar (787) 624-6060 Capellán Academia Adventista Metropolitana José Navedo Pastor Ordenado 2008 (787) 433-4965 Capellán Mucarabones Candelaria Arena Toa Alta Jaime Panton Pastor Ordenado 1992 (787) 596-2027 Aguas Buenas Cagüitas Centro La Victoria Juan Pérez Pastor Aspirante (787) 923-1317 Martorell Quebradilla Yabucoa Eric Ríos Departamental (787) 758-8282 [x-252] ADRA Capellanía La Voz de la Esperanza Jorge Rivera Pastor Laíco (787) 553-7417 Culebra Ángel Rodríguez Merced Pastor Ordenado 2016 (787) 240-3906 Jájome Las Vegas Maranatha de Cayey Robert Ruiz Pastor Ordenado 2021 (939) 389-1700 C anóvanas Torrecilla Alta San Isidro Pedro Torres Pastor Ordenado 1991 (787) 220-0317 Celada Gurabo Navarro Jesús Vega Pastor Aspirante (787) 907-7135 Capellán Academia Regional Adventista Caguas Cayey Central Jardines Amilcar Alvelo Superintendente Corporación Educativa (787 ) 758-8282 [ x 232] Asociación Puertorriqueña Norberto Calderón Pastor Aspirante (787) 215-6868 Loíza Mediania Alta Valle Hill Rodolfo Cosme Presidente • Pastor Ordenado 2014 (787) 239-5111 ó (787) 758-8282 [x 223] Presidencia Libertad Religiosa Comunicaciones Fernando Dávila Secretario Ejecutivo • Pastor Ordenado 2016 (939) 717-6728 ó (787 ) 758-8282 [ x 225] Secretaría Ejecutiva Rosa Delgado Departamental (787 ) 758-8282 [ x 254] Ministerio Infantil y del Adolescente Ministerio de la Mujer Josías García Pastor Ordenado 2014 (787) 367-9769 Junquitos Pasto Viejo Punta Santiago Luis Guadalupe Departamental, Pastor Ordenado 2010 (787) 914-8979 Ministerio Personales Escuela Sabática Espíritu de Profecía Roylans López Pastor Ordenado +1 (314) 280-4625 Vieques Yoselinne Marrero Departamental (787 ) 758-8282 [ x 233] Fideicomiso Mayordomía Administración de Propiedades Héctor Matías Pastor Ordenado 1992 (787) 501-0912 Llorens Torres Santurce Villa Palmeras Agustín Medrano Pastor Ordenado 2016 (787) 322-2196 Casa Blanca Luquillo Yahuecas Gillen Molina Capellana Escolar (787) 447-9211 Capellana Academia Primaria Adventista Wilfredo Morales Pastor Ordenado 2008 (787) 413-7949 Carola El Verde Palmer Javier Negrón Pastor Ordenado 2018 (787) 505-5350 Caimito Guaynabo Hillside Hato Nuevo Luis Parra Pastor Ordenado 2015 (901) 491-3528 Bethel La Dolores Río Grande Pablo Pérez Pastor Ordenado (512) 540-1433 Río Piedras Adalberto Rivera Pastor Ordenado 2018 (787) 586-7438 Bayamoncito Cidra Los Naranjos Luis Rivera Pastor Aspirante (939) 645-2926 Las Cuatrocientas Lomas Nuevo Campo Rico Ángel Rodríguez Rojas Pastor Ordenado 2021 (787) 475-3226 Campo Rico Los Ángeles Santiago Solano Pastor Ordenado 1990 (787) 690-2946 San José Hato Rey Las Monjas Henry Tremols Pastor Ordenado 2021 (787) 519-9268 Cupey Alto Litheda George Wandersleben Pastor Aspirante (787) 222-6091 Patillas Guardarraya Maranatha de Patillas C A Pastores B Pastores D Pastores E F G H I J K L M N O P Q R S T V W U X Y Z Up

  • Creencia #21 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina de la Vida Cristiana Dios en la figura de Jesús vivo una vida humana en su máxima expresión de santidad. En ese sentido Jesús es nuestro ejemplo. Creemos en un cristianismo holístico, que impacta todas las áreas de la vida. Por tal razón, aspiramos a que nuestras vidas sean de inspiración para quienes nos rodean, por ser positivas y equilibradas, cuidando nuestro cuerpo, refinando la mente y el espíritu. 21. LA MAYORDOMÍA: Más que cualquier otra cosa, la vida cristiana significa la entrega de nosotros mismos y la aceptación de Cristo. Cuando vemos cómo Jesús se entregó a sí mismo por nosotros, clamamos: “¿Qué puedo hacer yo por ti?” Pero justamente cuando pensamos que hemos entrado en un compromiso absoluto, una entrega total, algo sucede que demuestra cuán superficial fue nuestra decisión. A medida que descubrimos nuevos aspectos de nuestras vidas que necesitamos entregar a Dios, nuestro sometimiento se profundiza. Entonces, con mucho tacto, el Espíritu lleva nuestra atención a otra zona donde el yo necesita entregarse. Y así continúa la vida a través de una serie de repetidas entregas a Cristo, las cuales se profundizan cada vez más en nuestro ser, nuestro estilo de vida, la manera como actuamos y reaccionamos. Una vez que entregamos todo lo que somos y lo que tenemos a Dios, a quien todo le pertenece de todos modos (1 Cor. 3:21-4:2), él lo acepta pero luego nos lo vuelve a entregar, haciéndonos mayordomos o cuidadores de todo lo que “poseemos”. Entonces, nuestra tendencia a vivir vidas confortables y egoístas se ve quebrantada al darnos cuenta de que nuestro Señor fue como el desnudo, el preso y el extranjero de la parábola. Y su perdurable mandato: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones”, hace que las actividades de la iglesia —compartir, enseñar, predicar, bautizar— sean más preciosas para nosotros. Por causa suya procuramos ser mayordomos fieles. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo... y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro Espíritu, los cuales son de Dios” (1 Cor. 6:19, 20). Fuimos comprados, redimidos, a un costo muy alto. Pertenecemos a Dios. Pero esa acción divina fue tan solo una reclamación, porque él nos hizo; hemos pertenecido a él desde el comienzo, porque “en el principio creó Dios...” (Gén. 1:1). Las Sagradas Escrituras especifican claramente que “de Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Sal. 24:1). Somos mayordomos de Dios, a quienes se nos ha confiado tiempo y oportunidades, capacidades y posesiones, y las bendiciones de la tierra y sus recursos. Y somos responsables ante él por el empleo adecuado de todas esas dádivas. Reconocemos el derecho de propiedad por parte de Dios mediante nuestro servicio fiel a él y a nuestros semejantes, y mediante la devolución de los diezmos y las ofrendas que damos para la proclamación de su evangelio y para el sostén y desarrollo de su iglesia. La mayordomía es un privilegio que Dios nos ha concedido para que crezcamos en amor y para que logremos la victoria sobre el egoísmo y la codicia. El mayordomo fiel se regocija por las bendiciones que reciben los demás como fruto de su fidelidad. (Gén. 1:26-28; 2:15; 1 Crón. 29:14; Hag. 1:3-11; Mal. 3:8-12; 1 Cor. 9:9-14; Mat. 23:23; 2 Cor. 8:1-15; Rom. 15:26, 27). Previo Siguiente

  • Creencia #14 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina de la Iglesia La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad. 14. LA UNIDAD DEL CUERPO DE CRISTO: Cuando Jesús terminó su ministerio en el mundo (Juan 17:4), no dejó por eso de preocuparse profundamente por la condición de sus discípulos, aun el atardecer antes de su muerte. Los celos produjeron entre ellos discusiones sobre quién era el mayor, y cuál de ellos ocuparía las posiciones más elevadas en el reino de Cristo. La explicación de Cristo, según la cual la humildad era la sustancia de su reino, y sus verdaderos seguidores debían ser siervos, entregándose voluntariamente al servicio sin expectativas de recibir nada, ni aun una palabra de agradecimiento, en retorno, parecía haber caído en oídos sordos (Luc. 17:10). Hasta el ejemplo que estableció el Salvador, al inclinarse para lavar los pies de sus discípulos cuando ninguno de ellos quería hacerlo debido a las implicaciones, parecía haber sido en vano. Jesús es amor. Era su simpatía lo que mantenía a las multitudes en pos de él. Por no comprender ese amor abnegado, sus discípulos estaban llenos de duros prejuicios contra los no judíos, las mujeres, los “pecadores” y los pobres, lo cual los cegaba para no ver el amor de Cristo que todo lo abarca, y que se manifestaba aun hacia esos grupos detestados. Cuando los discípulos lo encontraron conversando con una mujer samaritana de mala reputación, todavía no habían aprendido que los campos, maduros para la cosecha, incluyen granos de todas clases, listos para ser recogidos. Pero a Cristo no podía conmoverlo la tradición, la opinión pública, ni siquiera el control familiar. Su amor irrefrenable alcanzaba a la humanidad quebrantada y la restauraba. Ese amor, que los haría distinguirse del pueblo indiferente, sería la evidencia de que eran verdaderos discípulos. Así como el Maestro amó, ellos debían amar. Desde entonces, y por siempre, el mundo podría distinguir a los cristianos, no por causa de su profesión, sino por la revelación del amor de Cristo en ellos (ver Juan 13:34, 35). Aun mientras el Salvador estaba en el jardín del Getsemaní, su preocupación más importante era la unidad de su iglesia, “los hombres que del mundo me diste” (Juan 17:6). Le rogó a su Padre que en la iglesia existiese una unidad similar a la que experimentaban los miembros de la Deidad. “Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:21). Esta unidad constituye la herramienta más poderosa que posee la iglesia para testificar, por cuanto ofrece evidencias del abnegado amor que Cristo siente por la humanidad. Dijo el Señor: “Yo en ellos, y tú en mí para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:23). La iglesia es un cuerpo constituido por muchos miembros, llamados de entre todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. En Cristo somos una nueva creación; las diferencias de raza, cultura, educación y nacionalidad, y las diferencias entre encumbrados y humildes, ricos y pobres, hombres y mujeres, no deben causar divisiones entre nosotros. Todos somos iguales en Cristo, quien por un mismo Espíritu nos unió en comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas. Por medio de la revelación de Jesucristo en las Escrituras, participamos de la misma fe y la misma esperanza, y damos a todos un mismo testimonio. Esta unidad tiene sus orígenes en la unicidad del Dios triuno, que nos adoptó como hijos suyos (Rom. 12:4, 5; 1 Cor. 12:12-14; Mat. 28:19,20; Sal. 133:1; 2 Cor. 5:16,17: Hech. 17:26,27; Gál. 3:27, 29: Col. 3:10-15; Efe. 4:14-16; 4:1-6; Juan 17:20-23). Previo Siguiente

  • Creencia #25 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina del Tiempo del Fin La tierra, como la conocemos, tiene un fin pues Dios quiere que la humanidad retorne a su estado original. Con este propósito nos ha revelado sus plan para ponerle fin al dolor y la tristeza en el Universo. En la actualidad investiga quiénes vivieron siendo cómplices de su plan, con la promesa que lo conocerán cara a cara, en un mundo sin dolor y siendo libres de crear y explorar eternamente. 25. CRISTO, SU SEGUNDA VENIDA: “MAMI -DIJO UNA NIÑITA AL ACOSTARSE-, extraño tanto a mi amigo Jesús. ¿Cuándo va a volver?” Esa niña no se imaginaba que el deseo de su corazón expresaba el anhelo de la humanidad a través de todas las edades. Las palabras finales de la Biblia nos dan la promesa de un pronto regreso: “Ciertamente vengo en breve”. Y Juan el revelador, el compañero fiel de Jesús, añade: “Amén; sí ven, Señor Jesús” (Apoc. 22:20). ¡Ver a Jesús! ¡Unirnos para siempre con él, que nos ama mucho más de lo que podemos imaginar! ¡Poner fin a todos los sufrimientos terrenales! ¡Disfrutar de la eternidad con nuestros amados resucitados que ahora descansan! No es de extrañar, entonces, que sus amigos lo hayan esperado desde su ascensión hasta el día de hoy. Un día Cristo volverá, aunque aun para los santos su venida será una maravillosa sorpresa, pues todos se han dormido por la demora (Mat. 25:5). A “media noche”, en la hora más oscura de la historia, Dios manifestará su poder para liberar a su pueblo. La Escritura describe los sucesos: “Salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está”. Esta voz hace estremecer la tierra, causando “un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Apoc. 16:17, 18). Las montañas tiemblan, las rocas se derrumban esparciéndose por dondequiera, y la tierra entera se sacude como las olas del océano. La superficie se abre “y las naciones cayeron... Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados” (vers. 19,20). “Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar” (Apoc. 6:14). A pesar del caos que descenderá sobre el mundo físico, el pueblo de Dios no temerá al ver “la señal del Hijo del Hombre” (Mat. 24:30). Cuando descienda de las nubes de los cielos, todo ojo verá al Príncipe de vida. Viene, esta vez, no como Varón de dolores, sino como un conquistador victorioso a reclamar lo suyo. En lugar de la corona de espinas, llevará la corona de gloria, “y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores” (Apoc. 19:12,16). A su venida, una gran desesperación se apoderará de los que no aceptaron a Jesús como su Salvador y Señor, y rechazaron su ley en sus corazones. Nada hace a los que rechazaron su gracia darse más cuenta de su culpabilidad que la suplicante y paciente voz que les rogaba: “Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis?” (Eze. 33:11). “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apoc. 6:15-17). Pero el gozo de los que por mucho tiempo lo han esperado, es muy superior a la desesperación de los malos. La venida del Redentor lleva la historia del pueblo de Dios a su glorioso final; es el momento de su liberación. Inundados de emoción le adoran diciendo: “He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isa. 25:9). Mientras Jesús se acerca, llama a los santos que duermen en sus tumbas y envía a sus ángeles para que junten a “sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mat. 24:31). Por todo el mundo los muertos justos oirán su voz y se levantarán de sus tumbas: ¡qué momento de gozo! Luego los justos vivos son transformados “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (1 Cor. 15:52). Glorificados y habiendo recibido inmortalidad, son arrebatados junto con los santos La segunda venida de Cristo es la bienaventurada esperanza de la iglesia, la gran culminación del evangelio. La venida del Salvador será literal, personal, visible y de alcance mundial. Cuando el Señor regrese, los justos muertos resucitarán y, junto con los justos que estén vivos, serán glorificados y llevados al cielo, pero los impíos morirán. El hecho de que la mayor parte de las profecías esté alcanzando su pleno cumplimiento, unido a las actuales condiciones del mundo, nos indica que la venida de Cristo es inminente. El momento cuando ocurrirá este acontecimiento no ha sido revelado, y por lo tanto se nos exhorta a estar preparados en todo tiempo. (Tito 2:13; Heb. 9:28; Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11; Mat. 24:14; Apoc. 1:7; Mat. 24:43, 44; 1 Tes. 4:13-18:1 1 Cor. 15:51-54; 2 Tes. 1:7-10; 2:8; Apoc. 14:14-20; 19:11-21; Mat. 24; Mar. 13;Luc. 21;2 Tim. 3:1-5:1 Tes. 5:1-6) Previo Siguiente

  • ADRA Puerto Rico Este | IglesiaAdventistaPR

    Conoce las iniciativas y recursos de la sucursal de la ONG Adventista para el este de Puerto Rico ADRA, Capellanía y La Voz de la Esperanza Departamental Capellán Eric Ríos A sistente Administrativa Loanmy Castillo Eventos Recursos Archivos Más... (787) 758-8282 x 252 | adra@apadventista.org _________________________________________________________________________________________________________________ Somos el brazo humanitario global de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, parte de la fuerte comunidad adventista con más de 20 millones de miembros, con la red integrada de atención médica y educación más grande del mundo. Brindamos ayuda y asistencia para el desarrollo a personas en más de 118 países, independientemente de su origen étnico, afiliación política, género o asociación religiosa. Recursos Lista de Refugios (2022) Descargar Artículos de Emergencias Descargar Mapa de Zonas Descargar Lista de Verificación Descargar Eventos Sin Eventos Recursos temporada de Huracanes Lista de Refugios Mapa de Zonas Artículos Necesarios Tarjeta de Emergencia Lista de Verificación Lista de Verificación de Mascotas *Materiales de la Oficina de Manejo de Emergencias de Puerto Rico*

  • Creencia #5 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina de Dios Dios es amor, poder y esplendor. Por amor decidió crearnos y desea una conexión íntima con la humanidad. Sus características principales son maravillosas, es lento para la ira y grande en misericordia.Busca comunicarse aun con la humanidad a través de muchas maneras. Es un misterio; Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. 5. DIOS EL ESPÍRITU SANTO: Si bien es cierto que la crucifixión había confundido, angustiado y aterrado a los seguidores de Jesús, la resurrección, en cambio, llevó el amanecer a sus días. Cuando Cristo quebrantó las ataduras de la muerte, el reino de Dios amaneció en sus corazones. Ahora, sus almas ardían con un fuego que no se podía apagar. Desaparecieron las diferencias que tan solo pocas semanas antes habían levantado perversas barreras entre los discípulos. Confesaron sus faltas los unos a los otros y abrieron más completamente sus corazones para recibir a Jesús, su Rey que había ascendido. La unidad de este rebaño una vez esparcido, creció a medida que pasaban los días en oración. En un día inolvidable, se hallaban alabando a Dios cuando en medio de ellos se oyó un ruido como el rugido de un tornado. Como si el fuego que ardía en sus corazones se estuviese haciendo visible, lenguas de fuego descendieron sobre cada cabeza. Como un fuego consumidor, el Espíritu Santo descendió sobre ellos. Llenos del Espíritu, los discípulos no pudieron contener su nuevo amor y gozo ardiente en Jesús. En forma pública, y llenos de entusiasmo, comenzaron a proclamar las buenas nuevas de salvación. Atraída por el sonido, una multitud de ciudadanos locales mezclados con peregrinos de muchas naciones se reunió junto al edificio. Llenos de asombro y confusión, escucharon —en su propio lenguaje— poderosos testimonios relativos a las poderosas obras de Dios, expresados por galileos sin educación. “No comprendo —decían algunos—; ¿qué significa esto?” Otros procuraban quitarle importancia, diciendo: “Están ebrios”. "¡No es así!”, exclamó Pedro, haciéndose oír por encima de las voces de la multitud. “Son solo las nueve de la mañana. Lo que ustedes han oído y visto está sucediendo porque el Cristo resucitado ha sido exaltado a la mano derecha de Dios y ahora nos ha concedido el Espíritu Santo” (ver Hech. 2). La Biblia revela que el Espíritu Santo es una persona, no una fuerza impersonal. Declaraciones como ésta: “Ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros” (Hech. 15:28), revelan que los primeros creyentes lo consideraban una persona. Cristo también se refirió a él como a una persona distinta. “Él me glorificará —declaró el Salvador—; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14). Las Escrituras, al referirse al Dios triuno, describen al Espíritu como una persona (Mat. 28:19; 2 Cor. 13:14). Dios el Espíritu Eterno desempeñó una parte activa con el Padre y el Hijo en la creación, la encarnación y la redención. Inspiró a los autores de las Escrituras. Infundió poder a la vida de Cristo. Atrae y convence a los seres humanos, y renueva a los que responden y los transforma a la imagen de Dios. Enviado por el Padre y el Hijo para estar siempre con sus hijos, concede dones espirituales a la iglesia, la capacita para dar testimonio en favor de Cristo y, en armonía con las Escrituras, la guía a toda la verdad. (Gén. 1:1,2; Luc. 1:35; 4:18; Hech. 10:38; 2 Ped. 1:21; 2 Cor. 3:18; Efe. 4:11, 12; Hech. 1:8; Juan 14:16-18, Juan 14:26; 15:26, 27; 16:7-13). Previo Siguiente

  • Creencia #23 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico

    Doctrina de la Vida Cristiana Dios en la figura de Jesús vivo una vida humana en su máxima expresión de santidad. En ese sentido Jesús es nuestro ejemplo. Creemos en un cristianismo holístico, que impacta todas las áreas de la vida. Por tal razón, aspiramos a que nuestras vidas sean de inspiración para quienes nos rodean, por ser positivas y equilibradas, cuidando nuestro cuerpo, refinando la mente y el espíritu. 23. EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA: EL HOGAR ES EL AMBIENTE PRIMARIO para la restauración de la imagen de Dios en los seres humanos. Dentro de la familia, el padre, la madre y los hijos pueden expresarse libremente, y suplir sus necesidades mutuas en lo que se refiere a pertenecer a un grupo social, al amor y la intimidad. Aquí se establece la identidad y se desarrollan los sentimientos de valía personal. El hogar es también el lugar en que, por la gracia de Dios, se practican los principios del verdadero cristianismo, y sus valores se transmiten de una generación a la siguiente. La familia puede ser un lugar en el cual reine gran felicidad. Por otra parte, también puede ser la escena de terrible sufrimiento. La vida familiar armoniosa demuestra la verdadera aplicación de los principios del cristianismo, y revela el carácter de Dios. Desgraciadamente, la manifestación de estas características es sumamente rara en los hogares modernos. En vez de ella, muchas familias demuestran los pensamientos e intenciones del corazón humano egoísta: Peleas, rebeliones, rivalidades, ira, actitudes impropias, y aun crueldad. Sin embargo, estas características no eran parte del plan original de Dios. Jesús dijo: “Al principio no fue así” (Mat. 19:8). El sábado y el matrimonio son dos de los dones originales que Dios le concedió a la familia humana. Fueron dados con el fin de proveer el gozo del reposo y de pertenencia, sin limitaciones de tiempo, lugar o cultura. El establecimiento de estas dos instituciones culminó la creación de este mundo que realizó Dios. Fueron su toque final, lo mejor de los excelentes dones que le concedió a la humanidad en la creación. Al establecer el sábado, Dios les concedió a los seres humanos un tiempo de reposo y renovación, una ocasión para gozar de comunión con él. Al crear la primera familia, estableció la unidad social básica para la humanidad, dándole un sentido de pertenencia y proveyendo una oportunidad para que sus miembros se desarrollasen como individuos completos en el servicio a Dios y a los demás. El matrimonio fue establecido por Dios en el Edén y confirmado por Jesús para que fuera una unión para toda la vida entre un hombre y una mujer, en amante compañerismo. Para el cristiano, el matrimonio es un compromiso con Dios y con el cónyuge, y debiera celebrarse solo entre personas que participan de la misma fe. El amor mutuo, el honor, el respeto y la responsabilidad constituyen la estructura de esa relación, que debe reflejar el amor, la santidad, la intimidad y la perdurabilidad de la relación que existe entre Cristo y su iglesia. Con respecto al divorcio, Jesús enseñó que la persona que se divorcia, a menos que sea por causa de relaciones sexuales ilícitas, y se casa con otra persona, comete adulterio. Aunque algunas relaciones familiares estén lejos de ser ideales, los consortes que se dedican plenamente el uno al otro pueden, en Cristo, lograr una amorosa unidad gracias a la dirección del Espíritu y a la instrucción de la iglesia. Dios bendice a la familia y quiere que sus miembros se ayuden mutuamente hasta alcanzar la plena madurez. Los padres deben criar a sus hijos para que amen y obedezcan al Señor. Deben enseñarles, mediante el precepto y el ejemplo, que Cristo disciplina amorosamente, que siempre es tierno, que se preocupa por sus criaturas, y que quiere que lleguen a ser miembros de su cuerpo, la familia de Dios. Una creciente intimidad familiar es uno de los rasgos característicos del último mensaje evangélico. (Gén. 2:18-25; Mat. 19:3-9; Juan 2:1-11; 2 Cor. 6:14; Efe. 5:21-33; Mat. 5:31,32: Mar. 10:11,12; Luc. 16:18; 1 Cor. 7:10,11; Éxo. 20:12; Efe. 6:1-4; Deut. 6:5-9; Prov. 22:6; Mal. 4:5, 6) Previo Siguiente

  • Radiosol WZOL | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este

    Radiosol WZOL La misión de Radio Sol es comunicar a cada persona el gran amor del Padre celestial, el cual se manifiesta claramente en la persona de nuestro Salvador, Jesús (Juan 3:16). A fin de cumplir con esta misión, toda nuestra programación gira necesariamente en torno a la proclamación del urgente mensaje de los tres Angeles de Apocalipsis 14:6-13, el cual prepara al mundo para el segundo Advenimiento de Jesús. Vemos la restauración de todas las cosas a la luz del fiel cumplimiento de las profecías de la Biblia. Eventos Series Podcasts Más... _____________________________________________________________________ Lorraine Vázquez | (787) 767-1005 | wzol@radiosol.org Podcasts Arrancando en Familia Clínica Abierta ¡Buen Provecho! Revista Noticiosa Universidad Bíblica del Aire Quienes Somos Club Amigos Series Podcasts Horario Contacto Donaciones Estos enlaces le redirigirán a www.radiosol.org

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