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- Doctrina de la Iglesia | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Iglesia La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad. 12. La Iglesia 13. El Remanente y su Misión 14. La Unidad del Cuerp de Cristo 15. El Bautismo 16. La Cena del Señor 17. Dones y Ministerios Espirituales 18. El Don de Profecía Previo Siguiente
- Creencia #7 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Humanidad Como creación suprema de Dios, la humanidad fue hecha a imagen y semejanza. Ante el engaño del enemigo, la humanidad se corrompió y fue destituida de la gloria de Dios. El amor por el ser humano y su valor para Dios es tanto que se pone en curso un plan para el rescate y restauración de la relación fracturada. 7. LA NATURALEZA HUMANA: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Al realizar la obra culminante de su creación, Dios no recurrió al poder de su palabra. En vez de ello, se inclinó en un gesto de amor para formar a esa nueva criatura a partir del polvo de la tierra. El escultor más creativo del mundo nunca podría producir un ser tan noble como el que Dios formó. Quizás un Miguel Ángel podría darle forma a un exterior exaltado, pero ¿qué de la anatomía y la fisiología cuidadosamente diseñadas para función y para belleza? La perfecta escultura yacía completa, con cada cabello, pestaña y uña en su lugar, pero Dios aún no había terminado. Este hombre no estaba destinado a permanecer inmóvil, llenándose de polvo, sino a vivir, a pensar, a crear y a crecer en gloria. Inclinándose sobre esa magnífica forma, el Creador “sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gén. 2:7; ver 1:26). Dios, que conocía la necesidad que el hombre tendría de compañía, le preparó “ayuda idónea”. Dios hizo caer sobre Adán un “sueño profundo”, y mientras este dormía, extrajo una de sus costillas y la transformó en una mujer (Gén. 2:18,21, 22). “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Luego Dios los bendijo, y les dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Adán y Eva recibieron un hogar-jardín más espléndido que la más fina mansión del mundo. Había árboles, viñas, flores, colinas y valles, todo adornado por el mismo Señor. También había en el jardín dos árboles especiales, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios le concedió a la primera pareja permiso para comer libremente de todo árbol, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2:8,9,17). Así se cumplió el acontecimiento culminante de la semana de la creación. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén. 1:31) Dios hizo al hombre y la mujer a su imagen, con individualidad propia, y con la facultad y la libertad de pensar y obrar. Aunque los creó como seres libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y espíritu, que depende de Dios para la vida, el aliento y todo lo demás. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, negaron su dependencia de él y cayeron de la elevada posición que ocupaban bajo el gobierno de Dios. La imagen de Dios en ellos se desfiguró y quedaron sujetos a la muerte. Sus descendientes participan de esta naturaleza caída y de sus consecuencias. Nacen con debilidades y tendencias hacia el mal. Pero Dios, en Cristo, reconcilió al mundo consigo mismo y, por medio de su Espíritu Santo, restaura en los mortales penitentes la imagen de su Hacedor. Creados para la gloria de Dios, se los llama a amarlo a él y a amarse mutuamente, y a cuidar del ambiente que los rodea. (Gén. 1:26- 28; 2:7; Sal. 8:4-8; Hech. 17:24-28; Gén. 3; Sal. 51:5; Rom. 5:12-17; 2 Cor. 5:19,20; Sal. 51:10; 1 Juan 4:7,8,11,20; Gén. 2:15) Previo Siguiente
- Creencia #8 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Salvación Existe una guerra cósmica entre Dios y Satanás. El enemigo de Dios reclama el carácter arbitrario e injusto de Dios como base de su rebelión. Atacando al ser humano, como creación especial de Dios, lo indujo también a rebelarse. Dios decide demostrar su amor sacrificándose en su Hijo a morir por la humanidad con el deseo de que el ser humano decida aceptarle. 8. EL GRAN CONFLICTO: La Escritura describe una batalla cósmica entre el bien y el mal, Dios y Satanás. Comprender esta controversia, que ha involucrado el universo entero, nos ayuda a responder la pregunta: ¿Por qué vino Jesús a este mundo? Misterio de misterios, el conflicto entre el bien y el mal comenzó en el cielo. ¿Cómo pudo el pecado originarse en un ambiente perfecto? Usando a los reyes de Tiro y Babilonia como descripciones figuradas de Lucifer, la Escritura ilumina cómo empezó esta controversia cósmica: Lucifer, el “hijo de la mañana”, el querubín cubridor, residía en la presencia de Dios (Isa. 14:12; Eze. 28:14).' La Escritura dice: “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura... perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad” (Eze. 28:12,15). Si bien la aparición del pecado es inexplicable e injustificable, se puede trazar su origen hasta el orgullo de Lucifer (Eze. 28:17). Lucifer rehusó conformarse con la exaltada posición que su Creador le había concedido. En su egoísmo, codició la igualdad con Dios mismo (Isa. 14:12-14). Pero aunque Lucifer codiciaba la posición de Dios, no deseaba poseer su carácter. Procuró alcanzar la autoridad de Dios, pero no su amor. La rebelión de Lucifer contra el gobierno de Dios fue el primer paso en su proceso de transformarse en Satanás, “el adversario”. Después que Satanás fue expulsado del cielo, se dedicó a extender su rebelión a nuestro mundo. Disfrazado a manera de serpiente que hablaba, y usando los mismos argumentos que lo habían llevado a su propia caída, logró socavar la confianza que Adán y Eva tenían en su Creador (Gén. 3:5). Al creer en la palabra de la serpiente por encima de la de su Creador, traicionaron la confianza y la lealtad que los unían a Dios. Trágicamente, las semillas de la controversia que había comenzado en el cielo germinaron en el planeta Tierra (ver Gén. 3). Al seducir a nuestros primeros padres y hacerlos pecar, Satanás ingeniosamente les arrebató su dominio sobre el mundo. Afirmando ahora ser el “príncipe de este mundo”, Satanás desafió a Dios, desconociendo su autoridad, y amenazó así la paz de todo el universo, desde su nuevo centro de operaciones, el planeta Tierra. La maldad continuó multiplicándose hasta que, lleno de tristeza, Dios vio que “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gén. 6:5). Esclavizados por el pecado, los humanos colaboraron con Satanás ayudándole a lograr su objetivo en la gran controversia al crucificar a Jesucristo, el Autor y Fiador del pacto. El mundo es un teatro del universo “hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres” (1 Cor. 4:9) El pecado cortó la relación que existía entre Dios y el hombre, y “todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Rom. 14:23). A su vez, y por medio del plan de salvación, Dios procura restaurar en los seres humanos la confianza en el Creador, que lleva a una relación de amor manifestada por la obediencia. Tal como lo señaló Cristo, el amor lleva a la obediencia (Juan 14:15). Toda la humanidad está ahora envuelta en un gran conflicto entre Cristo y Satanás en cuanto al carácter de Dios, su ley y su soberanía sobre el universo. Este conflicto se originó en el cielo cuando un ser creado, dotado de libre albedrío, se exaltó a sí mismo y se convirtió en Satanás, el adversario de Dios, y condujo a la rebelión a una parte de los ángeles. Satanás introdujo el espíritu de rebelión en este mundo cuando indujo a Adán y a Eva a pecar. El pecado humano produjo como resultado la distorsión de la imagen de Dios en la humanidad, el trastorno del mundo creado y, posteriormente, su completa devastación en ocasión del diluvio universal. Observado por toda la creación, este mundo se convirtió en el campo de batalla del conflicto universal, a cuyo término el Dios de amor quedará finalmente vindicado. Para ayudar a su pueblo en este conflicto, Cristo envía al Espíritu Santo y los ángeles leales para guiarlo, protegerlo y sostenerlo en el camino de la salvación. (Apoc. 12:4-9; Isa. 14:12-14; Eze. 28:12-18; Gén. 3; Rom 1:19-32; 5:12-21; 8:19-22; Gén. 6:8; 2 Ped. 3:6; 1 Cor. 4:9; Heb. 1:14) Previo Siguiente
- Creencia #20 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Vida Cristiana Dios en la figura de Jesús vivo una vida humana en su máxima expresión de santidad. En ese sentido Jesús es nuestro ejemplo. Creemos en un cristianismo holístico, que impacta todas las áreas de la vida. Por tal razón, aspiramos a que nuestras vidas sean de inspiración para quienes nos rodean, por ser positivas y equilibradas, cuidando nuestro cuerpo, refinando la mente y el espíritu. 20. EL SÁBADO: En compañía con Dios, Adán y Eva exploraron su hogar paradisíaco. El paisaje era maravilloso, indescriptible. Mientras el sol se ponía lentamente ese primer viernes, el sexto día de la creación, y comenzaban a brillar las estrellas, “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén. 1:31). De este modo, Dios terminó su creación de “los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos” (Gén. 2:1). Pero si bien es cierto que el mundo que Dios acababa de completar era incomparablemente hermoso, el mayor don que el Creador podía concederle a la pareja recién creada era el privilegio de mantener una relación personal con él. Por eso les dio el sábado, un día especial de bendición, camaradería y comunión con su Creador. El sábado ocupa un lugar central en nuestra adoración a Dios. Como recordativo de la creación, revela la razón por la cual Dios debe recibir nuestra adoración: Es el Creador, y nosotros somos sus criaturas. “Por lo tanto, el sábado forma parte del fundamento mismo del culto divino, por cuanto enseña de la manera más impresionante esta gran verdad, lo cual no hace ninguna otra institución. La verdadera razón del culto a Dios, no solo del que se le tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, se encuentra en la distinción que existe entre el Creador y sus criaturas. Este hecho sobresaliente nunca puede llegar a ser obsoleto, y jamás debe ser olvidado”. Dios instituyó el sábado con el fin de mantener para siempre esta verdad ante la raza humana. El bondadoso Creador, después de los seis días de la creación, descansó el séptimo día, e instituyó el sábado para todos los hombres como un monumento conmemorativo de la Creación. El cuarto mandamiento de la inmutable ley de Dios requiere la observancia del séptimo día, sábado, como día de reposo, adoración y ministerio en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado. El sábado es un día de agradable comunión con Dios y con nuestros hermanos. Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de nuestra santificación, una demostración de nuestra lealtad y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios. El sábado es la señal perpetua del pacto eterno entre él y su pueblo. La gozosa observancia de este tiempo sagrado de una tarde a la otra tarde, de la puesta de sol a la puesta de sol, es una celebración de la obra creadora y redentora de Dios. (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:8-11; Luc. 4:16; Isa. 56:5, 6; 58:13,14;Mat. 12:1-12; Éxo. 31:13-17; Eze. 20:12,20; Deut. 5:12-15; Heb. 4:1-11; Lev. 23:32; Mar. 1:32). Previo Siguiente
- Creencia #9 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Salvación Existe una guerra cósmica entre Dios y Satanás. El enemigo de Dios reclama el carácter arbitrario e injusto de Dios como base de su rebelión. Atacando al ser humano, como creación especial de Dios, lo indujo también a rebelarse. Dios decide demostrar su amor sacrificándose en su Hijo a morir por la humanidad con el deseo de que el ser humano decida aceptarle. 9. LA VIDA, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO: Una puerta abierta conduce al centro del universo, el cielo. Una voz resuena: “¡Ven y ve lo que está sucediendo aquí!" En el Espíritu, el apóstol Juan contempla la sala del trono de Dios. Un deslumbrante arco iris semejante a la esmeralda circunda el trono principal, y desde él surgen relámpagos, truenos y voces. Un grupo de dignatarios ataviados con vestiduras blancas y luciendo en sus cabezas doradas coronas, está sentado en tronos menores. Llenan los aires los ecos de una doxología, y los ancianos se postran en adoración, echando sus coronas de oro delante del trono. Un ángel que tiene en su mano un pergamino sellado con siete sellos, exclama: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? (Apoc. 5:2). Muy preocupado, Juan ve que no hay nadie en el cielo ni en la tierra digno de abrir el libro. Su preocupación se convierte en llanto, hasta que uno de los ancianos lo consuela: "No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apoc. 5:5). Juan dirige nuevamente su vista al majestuoso trono, y ve allí a un Cordero que había sido muerto pero que ahora está vivo y lleno del poder del Espíritu. Cuando ese humilde Cordero toma el rollo, los seres vivientes y los ancianos entonan un nuevo cántico: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apoc. 5:9,10). Todo ser creado, tanto en el cielo como en la tierra, une sus voces en el cántico: “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apoc. 5:13). ¿Por qué es tan importante este rollo? Porque registra el rescate de la raza humana de su esclavitud a Satanás y describe la victoria final de Dios sobre el pecado. Revela una salvación tan perfecta, que los cautivos del pecado pueden ser libertados de su prisión simplemente por su propia elección. Mucho antes de su nacimiento en Belén, el Cordero exclamó: “He aquí, vengo, en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Sal. 40:7, 8; compárese con Heb. 10:7). Lo que efectuó la redención de la humanidad fue la venida del Cordero, muerto desde la fundación del mundo (Apoc. 13:8). Mediante la vida de Cristo, de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, y en sus sufrimientos, su muerte y su resurrección, Dios proveyó el único medio para expiar el pecado humano, de manera que los que por fe aceptan esta expiación puedan tener vida eterna, y toda la creación pueda comprender mejor el infinito y santo amor del Creador. Esta expiación perfecta vindica la justicia de la ley de Dios y la benignidad de su carácter; porque no solo condena nuestro pecado sino también nos garantiza nuestro perdón. La muerte de Cristo es vicaria y expiatoria, reconciliadora y transformadora. La resurrección de Cristo proclama el triunfo de Dios sobre las fuerzas del mal, y asegura la victoria final sobre el pecado y la muerte a los que aceptan la expiación. Ella declara el señorío de fesucristo, ante quien se doblará toda rodilla en el Cielo y en la Tierra. (Juan 3:16; Isa. 53; 1 Ped. 2:21,22; 1 Cor. 15:3,4,20-22; 2 Cor. 5:14, 15,19-21; Rom. 1:4; 3:25; 4:25; 8:3,4; 1 Juan 2:2; 4:10; Col. 2:15; Fil 2:6-11) Previo Siguiente
- Creencia #10 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Salvación Existe una guerra cósmica entre Dios y Satanás. El enemigo de Dios reclama el carácter arbitrario e injusto de Dios como base de su rebelión. Atacando al ser humano, como creación especial de Dios, lo indujo también a rebelarse. Dios decide demostrar su amor sacrificándose en su Hijo a morir por la humanidad con el deseo de que el ser humano decida aceptarle. 10. LA EXPERIENCIA DE LA SALVACIÓN: Hace siglos, el pastor de Hermas soñó con una anciana arrugada que había vivido mucho tiempo. En su sueño, a medida que pasaba el tiempo, la anciana comenzó a cambiar: Si bien su cuerpo todavía estaba envejecido y su cabello blanco, su rostro comenzó a parecer más joven. Eventualmente, fue restaurada a su juventud. El autor británico, T. F. Torrance, comparaba a la anciana con la iglesia.1 Los cristianos no pueden mantenerse estáticos. Si el Espíritu de Cristo reina en nuestro interior (Rom. 8:9), nos mantenemos en un proceso de cambio dinámico. Pablo dijo: “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificaría, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la Palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efe. 5:25-27). El blanco de la iglesia es obtener esa limpieza. Por lo tanto, los creyentes que forman parte de la iglesia pueden testificar que “aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Cor. 4:16). “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18). Esta transformación constituye la culminación del Pentecostés interior. A través de toda la Escritura, las descripciones de la experiencia del creyente —la salvación, justificación, santificación, purificación y redención—, se presentan como (1) ya cumplidas, (2) en proceso de verse cumplidas en la actualidad, y (3) por realizarse en el futuro. La comprensión de estas tres perspectivas nos ayuda a resolver las aparentes tensiones en el énfasis relativo que se coloca sobre la justificación y la santificación. Este capítulo, por lo tanto, se ha dividido en tres secciones principales, que tratan de la salvación en el pasado, el presente y el futuro del creyente. Con amor y misericordia infinitos Dios hizo que Cristo, que no conoció pecado, fuera hecho pecado por nosotros, para que nosotros pudiésemos ser hechos justicia de Dios en él. Guiados por el Espíritu Santo sentimos nuestra necesidad, reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jesús como Señor y Cristo, como sustituto y ejemplo. Esta fe que acepta la salvación nos llega por medio del poder divino de la Palabra y es un don de la gracia de Dios. Mediante Cristo somos justificados, adoptados como hijos e hijas de Dios y librados del dominio del pecado. Por medio del Espíritu nacemos de nuevo y somos santificados; el Espíritu renueva nuestras mentes, graba la ley de amor de Dios en nuestros corazones y nos da poder para vivir una vida santa. Al permanecer en él somos participantes de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación ahora y en ocasión del juicio. (2 Cor. 5:17-21; Juan 3:16; Gál. 1:4; 4:4-7; Tito 3:3-7; Juan 16:8; Gál. 3:13,14; 1 Ped. 2:21,22; Rom. 10:17; Luc. 17:5; Mar. 9:23,24; Efe. 2:5- 10; Rom. 3:21-26; Col. 1:13, 14; Rom. 8:14-17; Gál. 3:26; Juan 3:3-8; 1 Ped. 1:23; Rom. 12:2; Heb. 8:7-12; Eze. 36:25-27; 2 Ped. 1:3,4; Rom. 8:1-4; 5:6-10). Previo Siguiente
- SIEMA | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este
SIEMA Misión: Fomentar en las esposas de pastores una pasión por el servicio al motivarlas a prepararse espiritual, física, mental y socialmente, para ejercer una influencia positiva en sus familias, iglesias y comunidades con el fin de conducir a hombres, mujeres y niños a los pies de Jesús. Visión: Eventos Recursos Archivos Más... Evelyn Marcano | (787) 239-3333 Tener un equipo de esposas de pastores unido, dado a la oración, consagrado, el cual no ceda a la distracción del egoísmo, mezquindad ni espíritu competitivo, quienes guiadas por el Espíritu Santo, sean capaces de modelar las virtudes y gracia de la feminidad cristiana Objetivos: 1. Desafiar a las esposas de pastores para ser modelos de la feminidad cristiana. 2. Inspirar a las esposas de pastores para ser ejemplos de servicio. 3. Establecer y mantener miembros activos de SIEMA en cada zona del este de la isla. 4. Realizar seminarios que preparen a las esposas de los pastores para sus diferentes funciones. 5. Lograr que las esposas de pastores disfruten del sistema de apoyo. 6. Establecer una red de contactos entre los miembros de SIEMA. 7. Contribuir a que las esposas de pastores experimenten un equilibrado crecimiento espiritual, personal y profesional. 8. Proveer consejería para las esposas de pastores. 9. Estimular para que las esposas de pastores participen de las actividades de SIEMA y de nuestra A sociación. 10. Brindar mayor atención a los hijos de pastores. (Campamentos, retiros, programas especiales, entre otras actividades de integración). Recursos Sin Material Seminarios - Hijos de Pastores Descargar PK Adolescentes Módulo VIII Descargar Educación Continua Módulo XI Descargar Revistas SIEMA 2024 Descargar PK Niños Módulo VIII Descargar Más Recursos en la División Visitar Eventos Sin Eventos Eventos Pasados Retiro SIEMA 2023 - Yuquibo
- Creencia #26 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina del Tiempo del Fin La tierra, como la conocemos, tiene un fin pues Dios quiere que la humanidad retorne a su estado original. Con este propósito nos ha revelado sus plan para ponerle fin al dolor y la tristeza en el Universo. En la actualidad investiga quiénes vivieron siendo cómplices de su plan, con la promesa que lo conocerán cara a cara, en un mundo sin dolor y siendo libres de crear y explorar eternamente. 26. LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN: El ejército filisteo se dirigió a Sunem, estableció su campamento y se preparó para atacar a Israel. La estrategia poco optimista del rey Saúl colocó al ejército de Israel en el cercano monte de Gilboa. En el pasado, la seguridad que Saúl tenía de la presencia de Dios lo capacitó para guiar a Israel sin temor alguno contra sus enemigos. Pero había dejado de servir al Señor, y cuando el apóstata rey trató de comunicarse con Dios acerca de la batalla que se acercaba, Dios rehusó comunicarse con él. El temor al futuro incierto y sombrío pesaba grandemente sobre Saúl. Si tan solo Samuel estuviera allí... Pero Samuel había muerto y ya no podía contar más con él. ¿O quizás podría? Saúl localizó a una médium que había escapado de la persecución que él había ordenado contra todos los brujos, la visitó y quiso saber por su medio cuáles serían los resultados de la batalla del día siguiente. Primero le pidió que trajera a Samuel ante su presencia. Durante el trance, la médium “vio un espíritu ascender de la tierra”. Este espíritu informó al ansioso rey que Israel no solo perdería la guerra, sino que él y sus hijos morirían (ver 1 Sam. 28). La predicción se cumplió. Pero ¿era realmente el espíritu de Samuel el que hizo la predicción? ¿Cómo podría un médium, condenado por Dios, tener poder sobre el espíritu de Samuel, el profeta de Dios? Y, ¿de dónde vino Samuel? Si no fue el espíritu de Samuel el que habló a Saúl, ¿quién era? Veamos lo que la Biblia enseña en cuanto a la muerte, la comunicación con los muertos y la resurrección. La paga del pecado es la muerte. Pero Dios, el único que es inmortal, otorgará vida eterna a sus redimidos. Hasta ese día, la muerte constituye un estado de inconsciencia para todos los que han fallecido. Cuando Cristo, que es nuestra vida, aparezca, los justos resucitados y los justos vivos serán glorificados, todos juntos serán arrebatados para salir al encuentro de su Señor. La segunda resurrección, la resurrección de los impíos, ocurrirá mil años después. (Rom. 6:23:1 Tim. 6:15,16; Ecl. 9:5, 6: Sal. 146:3, 4; Juan 11:11- 14; Col. 3:4; 1 Cor. 15:51-54; 1 Tes. 4:13-17; Juan 5:28,29; Apoc. 20:1-10) Previo Siguiente
- Espíritu de Profecía | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este
Espíritu de Profecía Departamental Pr. Fernando Dávila A sistente Administrativa Celeste E. García Eventos Recursos Archivos Más... (787) 758-8282 x 225 | espiritudeprofecia@apadventista.org _________________________________________________________________________________________________________________ En la vida y el ministerio de Elena G. de White se cumplió la promesa de Dios en proporcionar y conceder a la iglesia remanente el E spíritu de P rofecía . Aunque Elena G. de White jamás reclamó para sí misma el título de profetisa , creemos que hizo la obra de un profeta. Su misión primordial consistió en dirigir la atención hacia las Sagradas Escrituras y creía que, aunque sus escritos eran una luz menor , eran luz, y que la fuente de esa luz es Dios. Recursos Sin Material Eventos Sin Eventos
- Creencia #6 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Humanidad Como creación suprema de Dios, la humanidad fue hecha a imagen y semejanza. Ante el engaño del enemigo, la humanidad se corrompió y fue destituida de la gloria de Dios. El amor por el ser humano y su valor para Dios es tanto que se pone en curso un plan para el rescate y restauración de la relación fracturada. 6. LA CREACIÓN: El relato bíblico es sencillo. Ante el mandato creativo de Dios, “los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay” (Éxo. 20:11) aparecieron en forma instantánea. En solo seis días, la tierra fue transformada de “desordenada y vacía” hasta llegar a ser un verdeante planeta rebosante de criaturas y plantas completamente desarrolladas. Nuestro mundo estaba adornado de colores claros, puros y brillantes, y de encantadoras formas y fragancias, combinadas con un gusto exquisito. Todo mostraba exactitud en sus detalles y funciones. Luego, Dios “reposó”, deteniéndose para celebrar su obra y gozar de ella. Para siempre, la belleza y majestad de esos seis días sería recordada debido a que él se detuvo. Dediquemos una rápida mirada al comienzo de todo. "En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. La tierra estaba envuelta en agua y oscuridad. En el primer día, Dios separó la luz de la oscuridad, llamando a la parte luminosa “día” y a la oscuridad “noche”. En el segundo día, Dios “separó las aguas”, haciendo división entre la atmósfera y el agua que estaba sobre la superficie de la tierra, produciendo así condiciones apropiadas para la vida. El tercer día, Dios juntó las aguas en un lugar, estableciendo así la tierra seca y el mar. Luego Dios vistió de verdor las costas, colinas y valles desnudos. “Produjo pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género" (Gén. 1:12). El cuarto día, Dios estableció el sol, la luna y las estrellas para que sirvieran “de señales para las estaciones, para días y años”. El sol debía gobernar durante el día, y la luna durante la noche (Gén. 1:14-16). Dios creó a las aves y los peces en el quinto día. Los creó “según su especie” (Gén. 1:21), lo cual indica que sus criaturas habían de reproducirse en forma consecuente según sus propias especies. El sexto día, Dios hizo las formas superiores de la vida animal. Dijo: “Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie” (Gén. 1:24). Luego, en el acto cumbre de la creación, Dios hizo al hombre “a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén. 1:27). “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén. 1:31). Dios es el Creador de todas las cosas, y reveló en las Escrituras el relato auténtico de su actividad creadora. El Señor hizo en seis días “los cielos y la tierra”y todo ser viviente que la habita, y reposó en el séptimo día de esa primera semana. De ese modo estableció el sábado como un monumento perpetuo conmemorativo de la terminación de su obra creadora. Hizo al primer hombre y la primera mujer a su imagen como corona de la creación, y les dio dominio sobre el mundo y la responsabilidad de cuidar de él. Cuando el mundo quedó terminado era “bueno en gran manera”, proclamando la gloria de Dios. (Gén. 1; 2; Éxo. 20:8-11; Sal. 19:1-6; 33:6, 9; 104; Heb. 11:3) Previo Siguiente
- Creencia #19 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Vida Cristiana Dios en la figura de Jesús vivo una vida humana en su máxima expresión de santidad. En ese sentido Jesús es nuestro ejemplo. Creemos en un cristianismo holístico, que impacta todas las áreas de la vida. Por tal razón, aspiramos a que nuestras vidas sean de inspiración para quienes nos rodean, por ser positivas y equilibradas, cuidando nuestro cuerpo, refinando la mente y el espíritu. 19. LA LEY DE DIOS: TODAS LAS MIRADAS ESTABAN FIJAS EN LA MONTAÑA. La cumbre se hallaba cubierta de una espesa nube que se hacía cada vez más oscura, y se extendía hacia abajo hasta que todo el monte estuvo velado en el misterio. En la oscuridad brillaban los relámpagos, mientras que el trueno retumbaba una y otra vez. “Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego, y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo” (Éxo. 19:18, 19). Tan poderosa era esta majestuosa revelación de la presencia de Dios, que todo Israel temblaba. De pronto cesaron los truenos y el sonido de la trompeta, y el silencio se hizo pavoroso. Entonces Dios habló desde la espesa oscuridad que velaba su presencia en la cumbre de la montaña. Movido por un profundo amor hacia su pueblo, proclamó los Diez Mandamientos. Dijo Moisés: “Jehová vino del Sinaí... de entre diez millares se santos, con la ley de fuego a su mano derecha. Aún amó a su pueblo; todos los consagrados a él estaban en su mano; por tanto, ellos siguieron en tus pasos, recibiendo dirección de ti” (Deut. 33:2, 3). Cuando Dios dio la ley en el Sinaí, no solo se reveló a sí mismo como la majestuosa autoridad suprema del universo. También se describió como el Redentor de su pueblo (Éxo. 20:2). Porque es el Salvador, llamó no solo a Israel sino a toda la humanidad (Ecle. 12:13) a obedecer diez breves, abarcantes y autoritativos preceptos que cubren los deberes de los seres humanos para con Dios y para con sus semejantes. Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano, porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxo. 20:3-17). Como un reflejo del carácter de Dios, la ley de los Diez Mandamientos es moral, espiritual y abarcante; contiene principios universales. Los grandes principios de la ley de Dios están incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y el propósito de Dios con respecto a la conducta y a las relaciones humanas, y son obligatorios para todas las personas en todas las épocas. Estos preceptos constituyen la base del pacto de Dios con su pueblo y son la norma del juicio divino. Por medio de la obra del Espíritu Santo, señalan el pecado y despiertan el sentido de la necesidad de un Salvador. La salvación es totalmente por la gracia y no por las obras, pero su fruto es la obediencia a los mandamientos. Esta obediencia desarrolla el carácter cristiano y da como resultado una sensación de bienestar. Es una evidencia de nuestro amor al Señor y de nuestra preocupación por nuestros semejantes. La obediencia por fe demuestra el poder de Cristo para transformar vidas y, por lo tanto, fortalece el testimonio cristiano. (Éxo. 20:1-17; Sal. 40:7,8; Mat. 22:36-40; Deut. 28:1-14; Mat. 5:17-20; Heb. 8:8-10; Juan 15:7-10; Efe. 2:8-10; 1 Juan 5:3; Rom. 8:3,4; Sal. 19:7-14) Previo Siguiente
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