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- Our Beliefs | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este
Close Doctrines Our God Daily Living Humanity Church Salvation End Times Our Beliefs Derived from the Bible as the only norm of faith and practice for Christians and as a body they unite us on a global level. More info at: https://www.adventist.org/beliefs Go to 1. Holy Scriptures Go to 5. God the Holy Spirit Go to 9. The Life, Death and Resurrection of Christ Go to 13. The Remnant and its Mission Go to 17. Spiritual Gifts and Ministries Go to 21. Stewardship Go to 25. The Second Coming of Christ Go to 2. The Trinity Go to 6. Creation Go to 10. The Experience of Salvation Go to 14. Unity in the Body of Christ Go to 18. The Gift of Prophecy Go to 22. Christian Behavior Go to 26. Death and Resurrection Go to 3. God the Father Go to 7. Nature of Humanity Go to 11. Growing in Christ Go to 15. Baptism Go to 19. The Law of God Go to 23. Marriage and the Family Go to 27. The Millennium and the End of Sin Go to 4. God the Son Go to 8. The Great Controversy Go to 12. The Church Go to 16. The Lord’s Supper Go to 20. The Sabbath Go to 24. Christ’s Ministry in the Heavenly Sanctuary Go to 28. The New Earth Up
- Creencia #12 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Iglesia La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad. 12. LA IGLES IA: Lleno de ira, el anciano golpea con fuerza la roca con el bastón que tiene en su mano. Repite el golpe y exclama: “¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?” (Núm. 20:10). De la roca brota una corriente de agua que satisface la necesidad de Israel. Pero al tomar para sí mismo el crédito por el don del agua, en vez de dirigirlo a la roca, Moisés pecó. Y por ese pecado no habría de entrar a la tierra prometida (ver Núm. 20:7-12). Esa Roca era Cristo, el Fundamento sobre el cual Dios estableció a su pueblo, tanto en lo individual como en el sentido colectivo. A través de toda la Escritura, se halla entretejida esta imagen. En el último sermón que Moisés predicó a Israel, el patriarca, posiblemente recordando este incidente, usó la metáfora de la roca para simbolizar la estabilidad y confiabilidad de Dios: “Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios. Él es la roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad y sin ninguna iniquidad en él” (Deut. 32:3,4). Siglos más tarde, David se hizo eco del mismo tema, presentando al Salvador como la roca: “En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio” (Sal. 62:7). Isaías usó la misma imagen para referirse al Mesías venidero. “Por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable” (Isa. 28:16). Pedro testifica en cuanto a que Cristo cumplió esta predicción, no como una piedra común, sino “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 Ped. 2:4). Pablo identificó al Salvador como el único fundamento seguro, diciendo: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:11). Refiriéndose a la roca que Moisés golpeó, dijo: “Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Cor. 10:4). El mismo Jesús usó la imagen en forma directa, al declarar: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). El Salvador estableció la iglesia cristiana fundándola sobre sí mismo, la Roca viviente. Su propio cuerpo sería sacrificado por los pecados del mundo; la Roca sería herida. Nada puede prevalecer contra una iglesia construida sobre el sólido fundamento que él provee. De esa Roca, fluirían las aguas sanadoras que apagarían la sed de las naciones sedientas (ver Eze. 47:1-12; Juan 7:37,38; Apoc. 22:1-5). La iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan que Jesucristo es Señor y Salvador. Como continuadores del pueblo de Dios del Antiguo Testamento, se nos invita a salir del mundo; y nos reunimos para adorar, para estar en comunión unos con otros, para recibir instrucción en la Palabra, para la celebración de la Cena del Señor, para servir a toda la hum anidad y para proclamar el evangelio en todo el mundo. La iglesia recibe su autoridad de Cristo, que es la Palabra encarnado, y de las Escrituras, que son la Palabra escrita. La iglesia es la familia de Dios; somos adoptados por él como hijos, vivimos sobre la base del nuevo pacto. La iglesia es el cuerpo de Cristo, es una comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza. La iglesia es la esposa por la cual Cristo murió para poder santificarla y purificarla. Cuando regrese en triunfo, él presentará a sí mismo una iglesia gloriosa, los fieles de todas las edades, adquiridos por su sangre, una iglesia sin mancha, ni arruga, sino santa y sin defecto. (Gén. 12:3; Hech. 7:38; Efe. 4:11-15; 3:8-11; Mat. 28:19,20; 16:13-20; 18:18; Efe. 2:19-22; 1:22,23; 5:23-27; Col. 1:17,18) Previo Siguiente
- Vida Familiar | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este
Vida Familiar Departamental Pr. Edgardo Ortiz A sistente Administrativa María de los Ángeles Torres Eventos Recursos Archivos Más... (787) 445-3318 | vidafamiliar@apadventista.org _________________________________________________________________________________________________________________ Los adventistas del séptimo día son grandes defensores de una vida familiar feliz. El Departamento de Ministerios Familiares se dedica a fortalecer a las familias a través de servicios como orientación prematrimonial, seminarios matrimoniales, capacitación para padres y educación bíblica especial adaptada a las familias. El objetivo es edificar, enriquecer y celebrar a las familias, ayudando a cada miembro a comprender la Biblia para encontrar esperanza y significado en una relación personal con Jesús. Recursos Sin Material Eventos Sin Eventos
- Creencia #1 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de Dios Dios es amor, poder y esplendor. Por amor decidió crearnos y desea una conexión íntima con la humanidad. Sus características principales son maravillosas, es lento para la ira y grande en misericordia.Busca comunicarse aun con la humanidad a través de muchas maneras. Es un misterio; Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. 1. LAS SAGRADAS ESCRITURAS: Ningún libro ha sido tan amado, tan odiado, tan reverenciado, tan condenado como la Biblia. Hay quienes han sufrido la muerte por su causa. Otros se han convertido en asesinos creyendo así honrarla. Ha inspirado los hechos más nobles y más grandes del hombre, y ha sido culpada por sus hechos más condenables y degradantes. Se han levantado guerras sobre la Biblia, revoluciones han sido alimentadas en sus páginas, y reinos han caído por sus ideas. Personas de diversos puntos de vista: desde teólogos de la liberación hasta capitalistas; de fascistas a marxistas, de dictadores a libertadores, de pacificadores a militaristas, buscan en sus páginas las palabras con las cuales justificar sus acciones. La exclusividad de la Biblia no viene de su influencia política, cultural y social inigualable, sino de su origen y de los temas que trata. Es la revelación del único Dios-hombre: el Hijo de Dios, Jesucristo, el Salvador del mundo. Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiración divina mediante santos hombres de Dios que hablaron y escribieron impulsados por el Espíritu Santo. Por medio de esta Palabra, Dios comunica a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la infalible revelación de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación autorizada de las doctrinas, y un registro fidedigno de los actos de Dios realizados en el curso de la historia. (2 Ped. 1:20,21; 2 Tim. 3:16,17; Sal. 119:105; Prov. 30:5, 6; Isa. 8:20; Juan 17:17; 1 Tes. 2:13; Heb. 4:12) Creencias Siguiente
- Creencia #16 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Iglesia La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad. 16. LA CENA DEL SEÑOR: Con pies polvorientos, llegaron al aposento alto para celebrar la Pascua. Alguien había provisto un jarrón de agua, una palangana y una toalla para el acostumbrado lavamiento de pies, pero nadie quería realizar esa tarea degradante. Sabedor de su muerte inminente, Jesús dijo con tristeza: “¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios” (Luc. 22:15,16). Los celos que los discípulos albergaban unos contra otros, llenaban de tristeza el corazón de Jesús. Se daba cuenta de que todavía contendían en cuanto a quién debía ser considerado el mayor en su reino (Luc. 22:24; Mat. 18:1; 20:21). Lo que les impedía a los discípulos humillarse a sí mismos, sustituir al siervo y lavar los pies de los demás, era sus maniobras en busca de posición, su orgullo y estimación propia. ¿Aprenderían alguna vez que en el reino de Dios la verdadera grandeza se revela por la humildad y el servicio de amor? “Cuando cenaban” (Juan 13:2, 4), Jesús se levantó calladamente, tomó la toalla del siervo, echó agua en la palangana, se arrodilló y comenzó a lavar los pies de los discípulos. ¡El Maestro como siervo! Comprendiendo el reproche implícito, los discípulos se llenaron de vergüenza. Cuando hubo completado su trabajo y vuelto a su lugar, el Señor dijo: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: el siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:14-17). A continuación, Jesús instituyó en lugar de la Pascua el servicio que había de recordar su gran sacrificio: la Cena del Señor. Mientras comían, “tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo” que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Luego tomó la copa de la bendición, “y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”. “Haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (ver Mat. 26:26-28; 1 Cor. 11:24-26; 10:16). Las ordenanzas del lavamiento del los pies y de la Cena del Señor constituyen el servicio de la Comunión. Así, Cristo instituyó ambas ordenanzas con el fin de ayudarnos a entrar en comunión con él. La Cena del Señor es una participación en los emblemas del cuerpo y la sangre de Jesús como expresión de fe en él, nuestro Señor y Salvador. Cristo está presente en esta experiencia de comunión para encontrarse con su pueblo y fortalecerlo. Al participar de la Cena, proclamamos gozosamente la muerte del Señor hasta que venga. La preparación para la Cena incluye un examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión. El Maestro ordenó el servicio del lavamiento de los pies para denotar una renovada purificación, para expresar la disposición a servirnos mutuamente en humildad cristiana, y para unir nuestros corazones en amor. El servicio de comunión está abierto a todos los creyentes cristianos. (1 Cor. 10-16,17; 11:23-30; Mat. 26:17-30; Apoc. 3:20; Juan 6:48-63; 13:1-17) Previo Siguiente
- Creencia #27 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina del Tiempo del Fin La tierra, como la conocemos, tiene un fin pues Dios quiere que la humanidad retorne a su estado original. Con este propósito nos ha revelado sus plan para ponerle fin al dolor y la tristeza en el Universo. En la actualidad investiga quiénes vivieron siendo cómplices de su plan, con la promesa que lo conocerán cara a cara, en un mundo sin dolor y siendo libres de crear y explorar eternamente. 27. EL MILENIO Y EL FIN DEL PECADO: A través de toda la historia ha habido quienes han refinado con elocuencia los horrores del infierno, atemorizando a la gente para persuadirlos a adorar a Dios. Pero ¿qué clase de dios es el que presentan? ¿Cómo destruirá finalmente Dios el mal? ¿Qué le sucederá a Satanás? ¿Qué impedirá que el pecado levante su horrible cabeza una vez más? ¿Cómo puede un Dios justo ser también amoroso? El milenio es el reino de mil años de Cristo con sus santos en el cielo, que se extiende entre la primera y la segunda resurrección. Durante ese tiempo serán juzgados los impíos; la tierra estará completamente desolada, sin habitantes humanos con vida, pero sí ocupada por Satanás y sus ángeles. Al terminar ese período, Cristo y sus santos y la Santa Ciudad, descenderán del Cielo a la Tierra. Los impíos muertos resucitarán entonces y, junto con Satanás y sus ángeles, rodearán la ciudad; pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la Tierra. De ese modo el universo será librado del pecado y de los pecadores para siempre. (Apoc. 20; 1 Cor. 6:2,3: Jer. 4:23-26; Apoc. 21:1-5; Mal. 4:1; Eze. 28:18,19) Previo Siguiente
- Church Municipalities | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
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- Creencia #15 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de la Iglesia La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad. 15. EL BAUTISMO: Nyangwira, una creyente que vivía en Africa central, no consideraba que el bautismo fuese simplemente una opción. Durante más de un año había estado estudiando atentamente la Biblia. Anhelaba llegar a ser cristiana. Una tarde compartió con su esposo lo que había aprendido. Muy ofendido, el hombre dijo a gritos: “¡No quiero que en mi hogar haya esta clase de religión, y si sigues estudiando te mataré!” A pesar de esta reacción aplastante, Nyangwira continuó estudiando y pronto estuvo lista para el bautismo. Antes de salir al servicio bautismal, Nyangwira se arrodilló respetuosamente ante su esposo y le dijo que iba a ser bautizada. El hombre tomó su gran cuchillo de caza y vociferó: “¡Te dije que no quiero que te bautices! ¡El día que lo hagas, te mataré! Pero Nyangwira, determinada a seguir a su Señor, salió con las amenazas de su esposo resonando todavía en sus oídos. Antes de entrar en el agua, confesó sus pecados y dedicó su vida a su Salvador, sin saber si ese mismo día le tocaría también entregar su vida por el Señor. La paz llenó su corazón durante su bautismo. Cuando volvió al hogar, tomó el cuchillo de caza y se lo llevó a su esposo. —¿Has sido bautizada? —preguntó este, airado. —Sí —replicó simplemente Nyangwira. —Aquí está el cuchillo. —¿Estás lista para recibir la muerte? —Sí, lo estoy. Asombrado ante el valor de Nyangwira, el esposo dejó de sentir el deseo de matarla. ¿Cuán importante es el bautismo? ¿Vale la pena arriesgar la vida por bautizarse? ¿Es cierto que Dios requiere el bautismo? ¿Depende la salvación de si somos o no bautizados? Por medio del bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y resurrección de Jesucristo, y damos testimonio de nuestra muerte al pecado y de nuestro propósito de andar en novedad de vida. De este modo reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, llegamos a ser su pueblo y somos recibidos como miembros de su iglesia. El bautismo es un símbolo de nuestra unión con Cristo, del perdón de nuestros pecados y de nuestro recibimiento del Espíritu Santo. Se realiza por inmersión en agua, y depende de una afirmación de fe en Jesús y de la evidencia de arrepentimiento del pecado. Sigue a la instrucción en las Sagradas Escrituras y a la aceptación de sus enseñanzas. (Rom. 6:1-6; Col. 2:1 2 ,1 3 ; Hech. 16:30-33; 22:16; 2:38; Mat. 28:19-20) Previo Siguiente
- Mayordomía | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este
Mayordomía Departamental Yoselinne Marrero A sistente Administrativa Evy M. Garcés Eventos Recursos Archivos Más... (787) 758-8282 x 233 | fideicomiso@apadventista.org _________________________________________________________________________________________________________________ La mayordomía es la administración y el cuidado de los recursos otorgados por Dios. El uso sabio de lo que tenemos significa que la obra de Dios puede florecer y más personas pueden entender la Biblia para encontrar libertad, sanación y esperanza en Jesús. El Departamento de Mayordomía ayuda a capacitar a líderes y miembros adventistas de todo el mundo en los principios bíblicos de mayordomía. Recursos Sin Material Eventos Sin Eventos
- Churches F-O | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Close Church Municipalities Fajardo Churches F-O A - E Menu P - Z A - E Menu P - Z Guaynabo Gurabo Humacao Juncos Las Piedras Loíza Luquillo Maunabo Naguabo Up
- Creencia #4 | Iglesias Adventistas de Puerto Rico
Doctrina de Dios Dios es amor, poder y esplendor. Por amor decidió crearnos y desea una conexión íntima con la humanidad. Sus características principales son maravillosas, es lento para la ira y grande en misericordia.Busca comunicarse aun con la humanidad a través de muchas maneras. Es un misterio; Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. 4. DIOS EL HIJO: El desierto se había convertido en una pesadilla de serpientes. Los reptiles se arrastraban bajo las ollas, se enrollaban en las estacas de las tiendas. Acechaban entre los juguetes de los niños, o se ocultaban en los rollos de la ropa de cama. Sus colmillos se hundían profundamente, inyectando su veneno mortífero en la carne de sus víctimas. El desierto que una vez había sido el refugio de Israel, se convirtió en su cementerio. Centenares de víctimas yacían agonizantes. Dándose cuenta de su crítica situación, los aterrorizados padres y madres se apresuraron a ir en busca de Moisés, para rogarle que los ayudara. “Y Moisés oró por el pueblo”. ¿Cuál fue la respuesta de Dios? Debían hacerse una serpiente y levantarla en alto; todos los que la miraran, vivirían. “Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce y vivía” (Núm. 21:7, 9). La serpiente siempre ha sido el símbolo de Satanás (Gén. 3, Apoc. 12). Representa el pecado. El campamento había caído en las manos de Satanás. ¿El remedio de Dios? No consistió en mirar a un cordero en el altar del santuario, sino a una serpiente de bronce. ¡Símbolo extraño de Cristo! Así como sobre el poste fue levantada la imagen de las serpientes que mordían, también Jesús, hecho “en semejanza de carne de pecado” (Rom. 8:3), había de ser levantado en la cruenta cruz del Calvario (Juan 3:14,15). Se hizo pecado, tomando sobre sí mismo todos los pecados de todo ser que haya vivido o vivirá: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). Al mirar a Cristo, la humanidad sin esperanza puede hallar vida. ¿Cómo podría la encarnación traer salvación a la humanidad? ¿Qué efecto tuvo sobre el Hijo? ¿Cómo pudo Dios convertirse en un ser humano, y por qué fue necesario? Dios el Hijo Eterno se encamó en Jesucristo. Por medio de él se crearon todas las cosas, se reveló el carácter de Dios, se llevó a cabo la salvación de la humanidad y se juzga al mundo. Aunque es verdadero y eternamente Dios, llegó a ser también verdaderamente hombre, Jesús el Cristo. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y experimentó la tentación como ser humano, pero ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de Dios. Mediante sus milagros manifestó el poder de Dios y éstos dieron testimonio de que era el prometido Mesías de Dios. Sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos y ascendió para ministrar en el Santuario celestial en favor de nosotros. Volverá otra vez en gloria para librar definitivamente a su pueblo y restaurar todas las cosas. (Juan 1:1-3,14; Col. 1:15-19; Juan 10:30; 14:9; Rom. 6:23; 2 Cor. 5:17-19; Juan 5:22; Luc. 1:35; Fil. 2:5-11; Heb. 2:9-18; 1 Cor. 15:3,4; Heb. 8:1,2; Juan 14:1-3). Previo Siguiente
- Departments | Iglesias Adventistas de Puerto Rico Este
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