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La iglesia es la familia de Dios; adoptada por Él como hijos, y sus miembros viven sobre la base de un pacto de amor. Como comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza, todos reciben cualidades especiales para contribuir en compartir el amor de Dios y fortalecerse unos a otros. Dios busca que sus seguidores sean una extensión de su carácter de amor en favor de la humanidad.

Doctrina de la Iglesia

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EL DON DE PROFECÍA  •  Josafat, rey de Judá, se hallaba muy preocupado.

 

Las tropas enemigas se acercaban y la situación parecía desesperante. “Entonces... Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá” (2 Crón. 20:3). El pueblo acudió al templo para rogar a Dios que tuviera misericordia de ellos y los librase de sus enemigos.

 

Mientras Josafat dirigía el servicio de oración, le rogó a Dios que cambiara las circunstancias. El rey oró: “¿No eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quién te resista?” (vers. 6). ¿No había Dios protegido especialmente a los suyos en el pasado? ¿No había entregado esa tierra a su pueblo escogido? De modo que Josafat rogó: “¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza... no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (vers. 12).

 

Mientras todo Judá permanecía en pie delante del Señor, un varón llamado Jahaziel se levantó. Su mensaje trajo valor y dirección al pueblo temeroso. Dijo así: “No temáis... porque no es vuestra la guerra, sino de Dios... no habrá para que peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová... porque Jehová estará con vosotros” (vers. 15-17). En la mañana, el rey Josafat arengó a sus tropas, diciéndoles: “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” (vers. 20).

 

Tan plenamente creyó el rey a la palabra de ese profeta desconocido, Jahaziel, que reemplazó sus tropas de choque con un coro que cantaba alabanzas al Señor, y expresaba la belleza de la santidad. Mientras los cánticos de fe llenaban los aires, el Señor producía confusión entre los ejércitos que se habían aliado contra Judá. La matanza fue tan grande que “ninguno había escapado" (vers. 24).

 

Jahaziel fue el instrumento que Dios usó con el fin de enviar un mensaje para ese momento especial.

 

Los profetas desempeñaron un papel vital tanto en los tiempos del Antiguo como en los del Nuevo Testamento. Pero, ¿cesaría el don de profecía una vez que se cerrara el canon bíblico? Para descubrir la respuesta, repasemos la historia profética.

Uno de los dones del Espíritu Santo es el de profecía. Este don es una señal identificadora de la iglesia remanente y se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad que proporciona consuelo, dirección, instrucción y corrección a la iglesia. Ellos también establecen con claridad que la Biblia es la norma por la cual debe ser probada toda enseñanza y toda experiencia.

 

(Joel 2:28,29: Hech. 2:14-21; Heb. 1:1-3; Apoc. 12:17; 19:10).