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La tierra, como la conocemos, tiene un fin pues Dios quiere que la humanidad retorne a su estado original. Con este propósito nos ha revelado sus plan para ponerle fin al dolor y la tristeza en el Universo. En la actualidad investiga quiénes vivieron siendo cómplices de su plan, con la promesa que lo conocerán cara a cara, en un mundo sin dolor y siendo libres de crear y explorar eternamente.

Doctrina del Tiempo del Fin 

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LA TIERRA NUEVA  •  Después de un espeluznante encuentro con la muerte, un niño dijo aliviado: “Mi hogar está en el cielo, pero no siento nostalgia”.

 

Como él, muchos creen que al morir, el cielo es una alternativa preferible al “otro lugar”, pero que esta pobre alternativa ocupa un lugar secundario frente a la realidad y el estímulo de la vida actual en este mundo. Si las vislumbres que muchos tienen en cuanto al futuro fueran verdad, este sentimiento sería justificable. Pero según las descripciones y alusiones que la Escritura provee, lo que Dios está preparando para que los redimidos disfruten sobrepasa de tal modo la vida que vivimos ahora, que pocos vacilarían en depreciar este mundo por el nuevo.

 

Los primeros dos capítulos de la Biblia cuentan la historia de la creación, cómo Dios hizo un mundo perfecto que sirviera de hogar para los seres humanos que él creó. Los últimos dos capítulos de la Biblia también dicen que Dios creará un mundo perfecto para la humanidad: pero esta vez se trata de una re-creación, una restauración de la tierra para borrar de ella los desastres que el pecado trajo. 

 

Vez tras vez la Biblia declara que este hogar eterno de los redimidos será un lugar real, una localidad que personas reales, con cuerpos y cerebros que pueden ver, oír, tocar, gustar, oler, medir, dibujar, probar y experimentar plenamente. Es en la Tierra Nueva donde Dios localizará este cielo real.

 

La segunda carta de Pedro presenta en forma breve el fondo bíblico de este concepto. Pedro habla del mundo antediluviano como “un mundo de entonces" que fue destruido por agua. El segundo mundo es “la tierra que ahora existe”, un mundo que será purificado por fuego para dar lugar al tercer mundo, una “tierra nueva, en la cual reina la justicia” (vers. 6, 7, 13). El “tercer” mundo será tan real como los dos primeros.

 

El término “tierra nueva” expresa tanto continuación como diferencia de la tierra presente. Pedro y Juan vieron la antigua tierra purificada de toda contaminación por fuego y luego renovada (2 Pedro 3:10-13; Apoc. 21:1). La Tierra Nueva es, entonces, ante todo esta tierra, no otro lugar desconocido. Aunque esté renovada, nos parecerá familiar, conocida: nuestro hogar. ¡Eso está muy bueno! Sin embargo, es nueva en el sentido que Dios quitará de ella toda contaminación que el pecado causó.

En la Tierra Nueva, en que habita la justicia, Dios proporcionará un hogar eterno para los redimidos y un ambiente perfecto para la vida, el amor, el gozo y el aprendizaje eternos en su presencia. Porque allí Dios mismo morará con su pueblo, y el sufrimiento y la muerte terminarán para siempre. El gran conflicto habrá terminado y el pecado no existirá más. Todas las cosas, animadas e inanimadas, declararán que Dios es amor; y él reinará para siempre jamás. Amén.

 

(2 Ped. 3:13; Isa. 35; 65:17-25; Mat. 5:5; Apoc. 21:1-7; 22:1-5; 11:5)